Los ojos, como cualquier otra parte del cuerpo, atraviesan un proceso natural de envejecimiento. En las personas mayores, estas transformaciones hacen que el uso intensivo de pantallas digitales pueda resultar especialmente problemático. Uno de los cambios más notorios es la presbicia, una condición que impide enfocar con claridad objetos cercanos. Leer letras pequeñas en móviles o tablets implica un esfuerzo adicional para unos ojos ya fatigados.

También se acentúa el síndrome del ojo seco, ya que la producción natural de lágrimas disminuye con la edad. Esto se ve agravado por el uso de pantallas, que reduce la frecuencia del parpadeo, dejando los ojos menos lubricados. A esto se suma una mayor sensibilidad al deslumbramiento, lo que convierte el brillo y los reflejos de las pantallas en fuentes potenciales de incomodidad.

Otra transformación importante es una respuesta pupilar más lenta, que dificulta la adaptación a cambios de iluminación entre la pantalla y el entorno. Esta lentitud en la reacción ocular hace que la visualización prolongada se convierta en una actividad aún más exigente para los adultos mayores.

Fatiga visual digital o síndrome visual informático

Cuando se pasan muchas horas frente a una pantalla, los síntomas que pueden surgir se agrupan bajo lo que se conoce como síndrome visual informático. Este conjunto de molestias no es exclusivo de los jóvenes o trabajadores de oficina. De hecho, muchas personas mayores, al usar cada vez más dispositivos digitales, también se ven afectadas.

Entre los síntomas más comunes están la visión borrosa, ojos cansados, sequedad ocular, dolor de cabeza e incluso molestias en cuello y hombros debido a una mala postura frente al dispositivo. Según diversas investigaciones, más del 90 % de quienes usan pantallas durante más de tres horas diarias presentan alguna manifestación del síndrome.

La suma de estas molestias no solo afecta la comodidad durante la navegación digital, sino que puede impactar la calidad de vida, reduciendo el deseo de interactuar con herramientas tecnológicas que, en muchos casos, son esenciales para mantener el contacto social o acceder a servicios.

Luz azul y efectos sobre la salud ocular

Las pantallas LED emiten una proporción significativa de luz azul, una fracción del espectro visible que, aunque no es percibida como peligrosa a simple vista, puede tener efectos perjudiciales en la salud ocular a largo plazo. Esta luz, con longitudes de onda entre 400 y 500 nanómetros, penetra profundamente en el ojo y puede inducir fatiga visual, visión borrosa, ojos secos y dolores de cabeza.

A nivel celular, hay evidencias de que la luz azul puede generar estrés oxidativo, una condición que acelera el envejecimiento de las células oculares. En particular, se ha estudiado su impacto en la retina, cristalino y córnea, órganos clave en la visión. Algunos trabajos científicos relacionan la exposición crónica a esta luz con un mayor riesgo de desarrollar degeneración macular relacionada con la edad y cataratas.

Aunque aún se necesita más investigación para confirmar estos vínculos de manera concluyente, la precaución resulta razonable, sobre todo en adultos mayores que ya presentan cambios estructurales en el ojo y que podrían ver acelerado su deterioro por la exposición constante a pantallas sin protección adecuada.

Cómo proteger la salud visual en personas mayores

Adoptar pequeñas rutinas puede marcar una gran diferencia en el bienestar ocular. Una de las más difundidas es la llamada regla 20-20-20, que sugiere hacer una pausa cada 20 minutos, enfocando la vista en algo a seis metros de distancia durante al menos 20 segundos. Esta práctica relaja los músculos oculares y ayuda a prevenir la fatiga acumulada.

También es importante fomentar un parpadeo consciente. Al usar pantallas, se tiende a parpadear menos, lo que reseca los ojos. Una solución sencilla es hacer pausas para cerrar los ojos o utilizar lágrimas artificiales, que aportan la hidratación necesaria.

El entorno visual debe adaptarse a las necesidades del usuario. Elegir pantallas con filtros antirreflejo, evitar fuentes de luz directa que generen brillos y ajustar el brillo y contraste del dispositivo según la luz ambiental contribuye a una visualización más cómoda. De igual modo, utilizar lentes con filtro para luz azul puede ser útil, aunque los expertos aún debaten su efectividad clínica; en personas mayores, estos lentes podrían ofrecer cierto alivio durante exposiciones prolongadas.

No menos importante es cuidar la postura y la ergonomía. La distancia ideal entre los ojos y la pantalla debe ser de entre 50 y 70 centímetros, y la parte superior del monitor debe situarse a la altura de los ojos o ligeramente por debajo. Incorporar pausas activas, como levantarse, estirarse o cambiar de tarea por unos minutos, puede beneficiar tanto a la vista como al cuerpo en general.

Estilo de vida para una mejor salud ocular

La prevención no se limita a la pantalla. Realizar revisiones oculares periódicas es esencial para detectar cambios en la visión y ajustar correctamente la graduación de las gafas. Además, una alimentación rica en antioxidantes, especialmente con luteína y zeaxantina, presentes en vegetales de hoja verde como las espinacas o la col rizada, puede fortalecer la retina.

Otro factor protector es el tiempo al aire libre. Aunque parezca contradictorio, pasar ratos al sol (con protección adecuada) estimula funciones visuales beneficiosas y ayuda a desacelerar algunos problemas oculares como la miopía, incluso en etapas avanzadas de la vida.

Integrar estas prácticas de forma rutinaria ayuda no solo a conservar la visión, sino a aumentar la comodidad frente a los dispositivos digitales, facilitando una relación más sana y sostenida con la tecnología.

El impacto de las pantallas en la salud ocular de personas mayores

Los ojos, como cualquier otra parte del cuerpo, atraviesan un proceso natural de envejecimiento. En las personas mayores, estas transformaciones hacen que el uso intensivo de pantallas digitales pueda resultar especialmente problemático. Uno de los cambios más notorios es la presbicia, una condición que impide enfocar con claridad objetos cercanos. Leer letras pequeñas en móviles o tablets implica un esfuerzo adicional para unos ojos ya fatigados.